Tener una moto implica muchas cosas.
Para empezar en invierno te conviertes en algo parecido a una cebolla, capas y capas de aislantes, para no resfriarte. En mi caso no es por el resfrío en si, es mas bien por no tener que escuchar unos cuantos; “te lo dije, cómprate un coche” (jejeje).
No, a mi me gustan las motos, y no solo me compré una moto, me compré una moto custom.
Si, uno nunca se parece lo suficiente a James Dean… y decidí que mi camino era formar mi propia banda de “Ángeles del Infierno”. Así que cayó la moto, y como no tengo ni pajolera idea de mecánica de motos, me apunté a una web de usuarios del mismo modelo de moto. Gente muy maja y sobre todo solidaria, que con gran paciencia guían a jóvenes como yo, en su camino a convertirse en moteros duros y peligrosos como los de las películas.
Poco a poco he ido escalando metas hacia la cima de ser el jefe de una banda de peligrosos y respetados moteros (de esos que provocan que las madres, tapen los ojos a sus hijos cuando pasan). Y hace poco, fui a mi primera quedada motera…
Un domingo, a horas intempestivas de la mañana, nos reunimos en una gasolinera a las afueras de la ciudad. Niebla, mucha chupa de cuero y un frío del demonio…
Presentaciones, no quiero evitaros saber, lo divertido que es ver a un grupo de hombretones hechos y derechos (disfrazados de moteros) presentándose por los nicks (que además podéis imaginar como son los nicks de una web motera, el que menos es un “dragón llameante”).
Nada, cafelillo para quitar el frío, y a “rular” (hay mucho argot chicos).
Admito que me lo pasé como un niño circulando varias motos iguales por carretera, cruzando pueblos y llamando la atención de todo quisqui. Finalmente llegamos al “bar motero”. (Un bar motero amigos y amigas, es un bar normal con un descampado enfrente lleno de motos, que no os engañen), y nada, a desayunar…
En el fondo se trata de eso, de jalar. Nos apretamos un desayuno que yo juraba que no me acababa ni guardándome la mitad para la cena. Pero no, los tíos duros podemos con todo, a pesar de que después me costaba trabajo hasta pestañear.
Sobremesa cargada de palabras como; cilindros, válvulas, “arreones”, “monturas”, “ruladas”, escapes y una larga retahíla de palabras a las que yo asentía comprensivamente, a pesar de desconectar en cuanto me hablan de motores.
Al rato, mis rudos compañeros empezaron a mirar sus relojes, y empecé a escuchar una serie de frases que parecían no encajar en el ambiente
-Uy las 11, es que tengo que llevar a las niñas al basket…-
-Si, yo tengo comida en casa, y no he preparado nada-
-¿Las 11? Hoy cambiamos las cortinas en casa-
Y no pude contenerme, me puse en pié y ¡grité!
¡¿Qué?! ¿Niñas? ¿Comidas? ¿Cortinas? ¿Basket?
¡Los moteros no tenemos niñas, ni cambiamos cortinas, ni jugamos a basket!
¡Nuestra familia es la banda! ¡Y nuestro deporte atemorizar pueblos sin sheriff!
¡Yo seré vuestro líder, y haré de vosotros “los Ángels de l’infern” de la plana de Lleida!
Es mentira… no lo hice. Es mas, un rato después al llegar a casa, y aún oliendo a carretera, me descubrí lavando entre los platos mi “sartén de tortillas de patatas”, y me di cuenta de que aún me falta mucho para ser un tipo duro.
Pero estoy en la senda correcta, lo sé… Es mas, este mes, después de ser segurata de un concierto jeviata, y mi iniciación motera, es oficialmente, el mes del “tío duro”…