Porque el mundo es bonito, hasta vomitar.

23 noviembre 2010

Movember

El hecho de tener o no tener algunas cosas, puede marcar una gran diferencia. Sucede desde el albor de los tiempos, y no me refiero solo a posesiones materiales, al vil dinero (yo solo lo acepto por educación), o a voluptuosidades sexuales de diversa calaña. 
Desde siempre… Ser grande y fuerte, una voz angelical, tener sangre noble (salvo en contados momentos históricos), la habilidad de tocar instrumentos, belleza, un pelo Pantene, y últimamente, saber darle patadas a un balón, han sido rasgos valorados en nuestra especie.

 Ejemplo de rasgos sobrevalorados

Muchas veces me he preguntado “¿Cómo será…?” saber tocar un instrumento (en mis años de campamentos habría sido de lo más útil para mis escarceos amorosos, creedme), tener una melena sansoniana, poseer una habilidad digna del circ du soleil, o un bigote a lo Dalí…
No todos podremos vivir esas sensaciones, pero este mes, gracias al Movember, me he animado a experimentar lo que es tener un bigote. Es tan sencillo como afeitarse a primero de mes, y dejar que, el bello vello facial, siga su curso, se asilvestre, y se desmelene durante todo el mes de noviembre. Si, un señor bigote, de esos que se dejan peinar, atusar, y acariciar. 
La experiencia es curiosa, y más allá de la primera sensación de imbecilidad que me proporcionó el verme frente al espejo, luciendo un felpudo bajo la nariz, y de cuanto cuesta comer y beber, sin acabar convirtiéndolo en una despensa de miguitas y restos (flava sava). Un bigote te permite juguetear con él mientras trabajas, lees, juegas a la consola, o esperas el bus, dándote una apariencia pensativa, misteriosa e interesante.
Si Groucho Marx, Salvador Dalí, Frida Kahlo, y mi padre, entre otros, decidieron llevarlo en su día…

08 noviembre 2010

Habemus visita


Voy a intentar escribir esto de la manera más neutra posible. Intentaré olvidar que vivo a una calle de la catedral de Barcelona, que defiendo el laicismo del estado, que pago religiosamente mis impuestos (el adjetivo no es gratuito), que soy agnóstico, y en definitiva que soy uno más de los pacientes ciudadanos de Barcelona.

En efecto queridos hermanos, hoy quiero hablar de la visita del Papa a la ciudad condal. Si que está dura la crisis cuando el santo padre, emulando a Bruce Springsteen, los Rolling Stones, Supertramp, etcétera… tiene que salir de gira para pagar las facturas de luz del Vaticano.

 Wellcome to the Papa's World Tour 2010

Dicen las más básicas normas de protocolo, que los anfitriones deben hacer sentir cómodos a sus invitados, tanto como en su propia casa. De entrada creo que la ciudad, como tal, se ha puesto al servicio del Papa. Estaciones de metro cerradas, servicios de transporte inutilizados, calles cortadas… Algunas zonas de Barcelona parecían un bunker diseñado para proteger a una reunión de banqueros, el G-8, Mourinho, y el tipo que metió a los gatito en botellas. Es decir, de las personas más odiadas del mundo. Todo en pos de la seguridad de una persona que se supone representa unos valores de paz, amor, etc… (Si, se que no es muy preciso, pero esto no pretende ser un post sobre teología).
Hasta aquí, creo que una vez más, los ciudadanos de Barcelona, han demostrado sus dotes de paciencia.

Pero pasemos al apartado del invitado. Su santidad the Pope. No voy a valorar lo que ha dicho, por que sería absurdo. B16 es la cabeza visible de una iglesia, y como tal, da sermones y es dogmático. Su punto de vista del papel de la mujer, los derechos de los homosexuales, y el aborto son sesgados y evidentemente opuestos a los que pueda tener yo. Pero me gustaría hacer unos apuntes.

La iglesia, puede tener su opinión, y transmitirla a sus seguidores, siempre y cuando no vayan contra la legalidad. Así que creo que el discurso del Papa, en cuanto al aborto y los matrimonios homosexuales, ambas cosas legales en España, está fuera de lugar. Más aún cuando su misa no tiene carácter “privado”, y se transmite en directo por la TV. Insisto, me parece fuera de lugar (amén de que no estoy para nada de acuerdo).

La crítica a la sociedad española por ser laica, y su comparación con el anticlericalismo, es directamente de mala educación. No puedes ir a casa de alguien que se toma molestias por ti, y te recibe bien, y ponerlo a caldo. Señor mío, si la sociedad española es laicista, dos cosas… respételo y pregúntese por que lo es. Un poco de autocrítica no viene mal de vez en cuando.

La afirmación sobre la realización de la mujer en el hogar y en trabajo ya es de traca. La iglesia católica, mantiene a la mujer en un segundo plano en su estructura, y son plenamente conscientes de ello. No entiendo como hacen tanta apología de no utilizar la colita que tenemos entre las piernas, y a la vez les preocupa tanto que alguien la tenga o no… me lo explique alguien plis. Me parece hipócrita.

Es curioso que tras meterse en esos jardines, se haya ignorado el tema de los abusos a menores (que si se dio en la reciente visita a Irlanda).

En resumen, la actitud del Papa en particular, y de la iglesia en general no me ha gustado. Insisto, intentando alejarme de lo que me puedan parecer el gasto, y los inconvenientes que ha generado la visita (desde aquí un saludo a los gentiles pilotos de los helicópteros que se dedicaron a despertarme a las 8 todo el fin de semana).
La Iglesia católica debería valorar el trato que recibe por parte de un estado laico, y respetar más precisamente eso, que éste es un país laico, por ley. (País del que si acepta dineros y trato preferencial).

29 octubre 2010

Ain't seen nothing yet...


7AM, Plaza Catalunya, Barcelona.
Me subo al coche en medio del frío y esa penumbra rara de los días fríos. La jornada va a ser larga, me esperan a las 11 en Vielha. Tengo frío, he dormido 4 horas y estoy de malas, aviso.

7:45, Estación de servicio del Bruc.
Mi desayuno consiste en galletas rancias con chocolate, y un café con leche que parece una venganza.

9:30, En algun lugar entre Baells y Purroy de la Solana.
Me estoy sobando. Voy bien de tiempo, así que paro y me marco una siestecita reponedora.

11:00, Túnel de Vielha.
Reunión fea, descarnada, inhumana, animálica. De esas que te suben la tensión, te quitan el hambre, y sacan al pequeño dictador que hay en cada uno de nosotros (por favor amigos perroflautas, afrontadlo, todos tenemos uno).

14:00, Túnel de Vielha.
Salgo de la reunión cual centurión romano, ensangrentado, sudoroso, y victorioso. Pero de muy mala luna. Hoy no como. Monto en mi corcel blanco y tomo el camino de Barcino.
En las primeras 7 horas de mi día, he pasado frío, hambre, sueño, me he discutido, y he dormido cual homeless en el coche. A ver si la cosa mejora...

17:15, Puerto del Bruc.
Por lo visto, al ser final de mes, los amigos Mossos tienen que cubrir expediente, y ponen radares de 80 (con señales la señorita Pepis). Tengo una preciosa multa por ir a 100, en un tramo que es de... 100 km/h. Dios salve a los Mossos y al estado del bienestar.

18:45, Plaza de Les Glories, Barcelona.
Estoy sucio, cansado, de malas, multado, hambriento, somnoliento, y cagándome en la madre de algún que otro “servidor público”. Por favor, que alguien pite el final del partido, que me pegue un tiro, o que le de al botón de “pause”.

Pero no, el árbitro pita, y nos manda a los vestuarios. Solo ha sido la primera parte. (y el marcador es abultado en mi contra).
Recibo un sms: 20:30h delante del Palau de la Musica, Drexler+Delafé y Las flores azules. Y decido cambiar la dinámica del día.
Los cambios tácticos empiezan con una ducha, mientras mi equipo de música, escupe a todo volumen “You an’t seen nothing yet” de Bachman Turner Overdrive. Sin secarme del todo, y a medio vestir, enchufo la Play (3 obviously), el micro, y berreo “State of love and trust” de Pearl Jam. El piso retumba, una gaviota se ha suicidado, y a Eddie Veder le ha dado un cólico nefrítico por mi culpa, pero yo estoy como nuevo.


20:30, el Palau de la Musica, Barcelona.
Amigos, cervezas, y  concierto. Drexler canta “Fusión” y me acuerdo de un par de personitas. Cuando canta “Todo se transforma” solo pienso en mí. Delafé y Las flores azules la arman, imposible no pensar en Paulita (Z) cuando cantan La primavera, y en Eli al ver el escenario cuando cantan “El mar”. Creo que empiezo a remontar el partido.

23:30, Milano bar, Barcelona.
Risas, gin smashed basilico, y otra ronda de amigos. Aparece Jorge Drexler, lo felicitamos, fotos, autógrafos, besos y abrazos. Doy el día por empatado.

 Si, lo se, es de groupie. Pero él insistió en hacerse la foto conmigo...

2:30, Plaza Catalunya. Irónicamente el día acaba donde empezó. A veces la gente no es del todo consciente del poder que tiene sobre nosotros, y su capacidad para alegrarnos un día, que parecía perdido de antemano.
Sin duda, hoy, “el público” ha sido mi jugador número 12. Este post llega a todos ustedes cortesía de David, Meri, Miquel, un “Mosso d’Esquadra”, y ¿Por qué no? Jorge Drexler.
Para la realización del mismo solo se ha maltratado al autor.

22 octubre 2010

Saturación

Al cruzar la plaza de la catedral, y embocar el callejón dels Boters, un olor inunda el ambiente. Es avainillado, dulce hasta decir basta, y tan tentador para el estómago, como Adriana Lima para su seguro servidor. Dicho olor proviene de los gofres de una pequeña heladería, de la que no paran de salir personas con sonrisa de felicidad, y mirada de culpabilidad.
El olor, es realmente intenso.
El otro día, paseando, me dio por preguntarme como debe ser vivir en ese tramo de calle. Imagino que al cabo de un tiempo, el olfato asimila el olor a gofre. Pero seguramente ese olor enmascara a otros, y hace que no seamos capaces de percibirlos… Es, al fin y al cabo, la acción de la saturación.

 Tentador hasta la obscenidad...

Nuestros días están repletos de saturaciones. La televisión nos ha saturado de tal manera de violencia y muertes, que difícilmente levantamos siquiera una ceja al ver el enésimo atentado en Irak. El número de muertos por un atentado en un mercado, nos impresiona menos que las décimas que pueda haber subido la gasolina. Y es que, cuando ya has visto 100 veces la “misma” imagen, tu mente se satura, y decide asimilarla como algo normal.

Pasó lo mismo con el terremoto de Haití. Las imágenes nos impresionaron los primeros días, pero a la semana, las televisiones dejaron de darlas, por que ya no impactaban. De ahí a inundaciones, vertidos en ríos, y demás… Lo que ha conseguido crearnos una coraza maravillosa, con la que somos capaces de ver esas cosas con el desdén de quien ve un espectáculo de sardanas. Es feo, si… pero nos aburre. Así que pasamos a otra cosa.

 Niños volviendo a casa despues de un espectáculo pirotécnico

Sucede lo mismo con Messi, Xavi e Iniesta (y es extensible a todo el Barça actual). Estamos tan acostumbrados a verlos hacer cosas increíbles, que cada vez exigimos algo más, diferente. Ya no nos impresiona con algunas de las cosas que solo ellos saben hacer… ya las hemos visto. Como con tantas otras cosas, lo valoraremos de verdad dentro de 20 años. Cuando llevemos 15 sin ver a un equipo jugar así, y demos la brasa a hijos, sobrinos y cualquier persona animal o cosa, recordando con nostalgia melancolía y cervezas a este equipo.

También es extensible a la tecnología. Vivimos la era de los avances de la comunicación, y nos hemos acostumbrado a ello. Si hace 10 años (¡solo 10!) alguien nos cuenta lo que puede hacer un iPhone en la actualidad, no nos lo habríamos creído. No somos conscientes de ello, pero hace 10 años ¿Cuantos teníais correo electrónico? ¿Cada cuanto lo usabais? ¿mp3 portátil? ¿Teléfono con cámara? ¿Internet sin cables? Pero ahora todo nos parece banal. Que nos falle la cobertura wi-fi es tercermundista, y ya no os cuento lo que rajamos cuando una película tarda en bajarse (eso los piratas que hagáis esas cosas, claro). ¿Os recuerdo lo que era Napster, Audiogalaxy, y los inicios de e-mule?

Hace tiempo alguien me dijo que dejamos de ser niños cuando dejamos de asombrarnos por las cosas. Y creo que el ritmo con el que nos llegan las noticias y novedades, provocan que cada vez, las cosas nos impresionen menos. Excepto, claro está, el avainillado sabor de un gofre.

20 octubre 2010

¡Zas!


¡Zas!
Un día, sin saber porque, te das cuenta de cómo y cuanto ha cambiado tu vida en el último año, mes, o semana.
Relaciones, trabajo, entorno, circunstancias… Las cosas a nuestro alrededor, van cambiando, y nuestra mente las va asimilando a sorbos. Hasta que un día decide recopilar, ubicarse, y poner las cosas en contexto. Puede ser una fecha, una actividad, un reencuentro, y suena ese ¡zas! Silencioso en la cabeza…
En la última semana he tenido diversos ¡zas!, que me han llevado a recapitular bastante…

Una charla en la distancia me hizo recordar que, hace 18 años, molestaba a alguien que, con el tiempo, se convirtió en innegociable amiga y hermana.

Una boda, sumada a algunos reencuentros, me ha hecho recordar que hace 12 años, era un crapulilla adolescente, de look imposible, y cargado de prejuicios.

Un reencuentro fortuito, aleatorio y algo inverosímil, me ha llevado 10 años atrás. Una época feliz, en la que solo me preocupaba lo que me preocupaba, y nada más.

Y una fecha náufraga en el calendario, me ha llevado a 6 años atrás. Cuando pedí un beso, que no fue concedido. Pero que abrió la puerta a muchos.


Todos estos ¡zas!, me han hecho parar un segundo, y pensar en mi último año. Soy algo más pobre, pero vivo menos estresado. Solo malgasto mi tiempo de manera(s) deliciosas. ¡No espero! Y he establecido una rigurosa política de “no soportar a nadie, si no es por dinero” (en cuanto me toque el Euro-millón reformaré dicha política).

A saber en que andaré dentro de un año…