Porque el mundo es bonito, hasta vomitar.

13 septiembre 2010

Pavlov

Corría el mes de enero de 1998. 
Juan Pablo II visitaba Cuba, Stoitchkov había vuelto al Barça (no hacía falta Hristo…) y Karembeu fichaba por el Madrid (tampoco hacía falta Christian). El mercado inmobiliario español, bullía en una danza orgiástica de subida de precios, mientras en las radios, Bittersweet symphony de The Verbe, se daba de leches con el Corazón partío de Alejandro Sanz… El final de los 90’s asomaba por la esquina, y en la cartelera de todos los cines, un imberbe Di Caprio se besuqueaba con Kate Winslet (ojo, spoiler) antes de morir congelado en aguas del Atlántico…

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi esa película, Titanic… Fue una tarde de viernes, en el cine Boliche de Barcelona. Fui obligado por mi novia de aquel entonces, y opuse la resistencia esperada de un “chico malo que no quiere ver películas románticas”. Tenéis que entenderlo, tenía 17 años y era un grunge en plena tormenta adolescente…

En fin, que dada mi renuencia fui de los últimos en ir a ver la famosa película. El destino, quiso que a mi lado (el lado en el que no estaba mi novia) se sentase una amiga, que había tenido tiempo (y dinero) de ir a ver la película 7 veces al cine. Adoraba todo lo relacionado con Titanic. La trama, la música, los actores (incluso como actuaban esos actores en esa película). En fin, yo creo que hablaba bien incluso de la iluminación, y el tipo de letra elegido para el cartel de la película…

Dramatización

La cosa es que, una vez sentados en nuestras butacas y apagadas las luces, aparecieron las letras de créditos de la película. En aquel preciso instante, y presa de la sugestión, mi amiga (de la cual obviare el nombre), empezó a llorar. Lloró, emulando al perro de Pavlov. Presintiendo el final dramático, melosón y húmedo de Jack Dawson, y los lagrimones corrieron por sus mejillas.

Ayer otra amiga me hizo pensar en que todos tenemos reacciones del tipo; “Perro de Pavlov” en nuestro día a día. Al escuchar el sonido del gas al abrir una lata de refresco, al notar el olor caprichoso del látex, el tintinear de esas llaves en esa puerta, el click del cierre del casco al subir en la moto, o identificar el olor del protector solar con relajarse en una toalla.
Lo curioso, es que desde hace un mes, hay determinadas palabras, que al aparecer en la pantalla de mi teléfono, me hacen salivar y sonreír a la vez. En cuanto leo “La Perla” en un sms, me cuesta no babear. Y desde el jueves pasado, los sms con las palabras “Milano” o “Elephanta” me generan el mismo efecto…

8 comentarios:

Carlos dijo...

Perla, Manchester.....Josep corb, no somos tan diferentes de los animales, de hecho "somos unos animales" ya lo decían los Extremoduro.

denke dijo...

Don José... gran tipo (y mejor tequila)

Joao dijo...

me he dormido en las primeras 5 palabras...
realmente no sé si habrá sido del articulo o simplemente es que estoy enfermo y los medicamentos me hacen dormir.. sea como sea... curra te un poquito mas!!!

Joan dijo...

Oh, el gran Hristo. Ése sí que me hacía salivar. Me inclino y hago reverencia. Anyway, coincido en lo de "no hacía falta", qué pena.

¿Está usted pensando en alcojol antes del mediodía? Sepa que le considero mi ídolo a partir de ya.

denke dijo...

Hristo... sin palabras.
Y si, lo admito, pienso en alcohol antes de mediodía. La inspiración, a veces necesita doping!

Candela dijo...

uooo cómo lloré con esa película!!!!!

Problemas con el alcohol?

Una hendriks con pepinillo??

denke dijo...

Candela! Ginebra Hendricks con pepino... una delicia!!!

Candela dijo...

ayy no es pepinillo, que es pepino!